lunes, 23 de octubre de 2017

PUENTES

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GUÍA DE PUENTES DE LA PROVINCIA DE CASTELLÓN

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martes, 5 de septiembre de 2017

FENICIOS EN TORRE LA SAL



Los habitantes de Canaán, quizás procedentes de Arabia, Amurru, el país de Edom o de Moab, mezclados con los autóctonos habitantes paleolíticos y neolíticos se establecieron en la costa desde el monte Carmelo hasta Ugarit. En esta costa fundaron numerosos puertos: Biblos, Sidón o Tiro, en cabos o islas próximas al litoral.

Desde el III milenio entraron en contacto con Egipto, país al que suministraban madera de cedro y de abeto, muy adecuadas para la construcción de barcos; además de aromas, aceites y resina.

Sobre todo Biblos y Sidón desde el siglo .XVIII a. de C. mantenían relaciones con los egeos, dueños del mar, cretenses primero y micenios después, que frecuentaban sus puertos.

Cuando la invasión de los misteriosos pueblos del mar, hacia el 1200 a. de C., los liberó de la tutela egipcia, reemplazaron el poder micénico en la zona, que había entrado en su edad oscura.

A partir de entonces conservaron su independencia bajo la tutela de Tiro y alcanzaron una era de prosperidad.


Hacia las columnas de Hércules



Su área de influencia se extendió progresivamente. Por una parte, desempeñaron el papel de agentes e intermediarios entre occidente y oriente, controlando, por tierra, los puntos a donde iban a parar las caravanas del desierto. Hama, Damasco o Thapsaco son lugares donde adquirían las mercancías orientales; y por otra parte, fundando, alrededor del Mediterráneo, numerosas factorías comerciales y colonias.

En el siglo X a. de C., ya estaban instalados en Chipre y en las costas de Asia Menor, donde chocaron con los griegos, que los desbancaron de Rodas, de las Espóradas y de las Doradas, donde habían permanecido durante algún tiempo.








Buscaron entonces nuevos mercados en el Mediterráneo occidental dejando Tirrenia a los etruscos y a los griegos. Establecieron en Sicilia occidental y en las islas de Malta, Gozo y Pantelleria bases propicias para el comercio con Africa.

A través de Cerdeña e Ibiza llegan a la península ibérica, al país de Tarsis, donde sus barcos recogen el estaño y la plata procedentes de la península o de las islas Casitérides.


Su poder era naval. Cualquier innovación técnica que facilitase una mayor carga de mercancías, más rapidez o protección frente al enemigo era aplicada inmediatamente a los navíos. Sus embarcaciones tenían el casco con forma ancha y redonda. Los griegos las llamaban gaulós (bañeras).

La habilidad marinera de los fenicios era ampliamente conocida entre los pueblos vecinos y suscitó siempre una gran admiración. En realidad, el dominio de los medios de navegación y el profundo conocimiento de los mares y de los elementos atmosféricos, junto con la costumbre de los tráficos marítimos, les permitieron llegar a ser un ejemplo en la cuenca mediterránea. De aquí la fama que tenían de crueles piratas o hábiles comerciantes, de astutos o estafadores mercaderes o de grandes e intrépidos navegantes.


Animados por el deseo de adquirir fuentes cada vez más nuevas y remuneradas de aprovisionamiento de materias primas y de comerciar los productos propios elaborados en la madre patria, recorrieron enormes distancias, siendo los pioneros en trazar rutas hacia el Mediterráneo occidental y, más allá de las columnas de Hércules, hacia las costas atlánticas de África y de Europa, abriendo a la historia la cuenca occidental del Mediterráneo.


Los fenicios desconocían la brújula, lo que les obligó en principio a navegar de día, bordeando la costa, sin perder de vista el litoral, en breves etapas, atracando de noche en puntos de la costa, practicando una navegación de cabotaje. Inicialmente, estos marinos fenicios se orientaban siguiendo los accidentes orograficos costeros, como penínsulas, estuarios, cabos o simples salientes costeros. Esta navegación la practicaron los fenicios hasta el siglo XI a. c, siendo a partir de esta fecha cuando los fenicios deciden adentrarse en aguas lejanas, como Creta, Sicilia, Cerdeña, la Península Ibérica y más allá.




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LOS FENICIOS Y EL ATLÁNTICO


GONZALEZ ANTÓN, R., LÓPEZ PARDO, F. Y PEÑA ROMO, V.


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Navegar a grandes distancias. La Estrella Fenicia


A diferencia de la navegación de cabotaje, la navegación de largo recorrido tenía lugar durante la noche orientados por la constelación de la Osa Mayor, conocida en el mundo antiguo con el nombre de Estrella Fenicia.





La velocidad de la flota comercial giraba en torno a los 2-3 nudos, en un día se podían recorrer más de 50 millas marinas, que permitían llegar, salvo en algunas travesías de especial longitud, a la vista de las costas.



Cuenta el historiador Polibio la noticia de que por lo que se refiere a la velocidad máxima del recorrido de un trecho de mar del que se tenía conocimiento, en ocasiones se habían recorrido 125 millas marinas en 24 horas con una media de más de 5 nudos por hora.



Según los cálculos estimados, un trayecto entre las costas de Fenicia y las columnas de Hércules podría durar unos dos meses.







La navegación comercial tenía lugar casi exclusivamente entre los meses de marzo y octubre, es decir, durante la temporada más benigna del año, y empezaba con especiales ceremonias, con la intención de propiciar los tráficos marítimos. La falta de vientos constantes, como los alisios en la cuenca del Mediterráneo, constituyó seguramente un problema no leve para los largos trayectos, con relación al tipo de velamen en uso en aquella época.


Sin embargo, la inconstancia de los vientos mediterráneos y su orientación tan variable, aunque a veces impusieron paradas de varios días de duración, también permitieron que el tráfico comercial se desarrollara en todas direcciones, sin necesidad de que hubiera temporadas de espera o de que se dieran giros condicionados por los vientos.


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EL BARCO MERCANTE FENICIO EN EL PERIODO PRECOLONIAL DEL PRIMER MILENIO A.C
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Gran resonancia tuvieron en la antigüedad los viajes de exploración con fines comerciales, efectuados por los fenicios en búsqueda de metales o de nuevos mercados.






Cuenta el historiador Heródoto que los fenicios, por encargo del faraón Necao, realizaron hacia finales del siglo VII a.C. un viaje de tres años que los llevó a circunnavegar el continente africano de oriente a occidente.


Hacia finales del siglo V a.C., el cartaginés Hannón, poniendo vela desde Cartago hacia el océano Atlántico, traspasó las columnas de Hércules, llegando hasta el golfo de Guinea. También de ese tiempo es el viaje del cartaginés Himilcón a lo largo de las costas atlánticas de Europa hasta alcanzar la Bretaña y, tal vez, las islas Casitérides (Gran Bretaña e Irlanda).


Algunos hallazgos arqueológicos atestiguan la presencia, aunque temporal, de los cartagineses en las islas Azores, mientras ulteriores noticias de antiguos autores cuentan viajes fabulosos efectuados por los fenicios en regiones del océano Atlántico.









Para poder desarrollar sus actividades comerciales, los fenicios utilizaron barcos equipados adecuadamente para dichos fines, que explotaban todos los recursos puestos a disposición por la técnica de los astilleros de la época .


Los barcos de transporte fenicios tenían una longitud comprendida entre los veinte y los treinta metros y la anchura era de seis o siete metros; el calado era de un metro y medio aproximadamente, en analogía con la parte saliente del casco.


Si las medidas ahora mencionadas corresponden a la mayor parte de la flota en uso, no hay que excluir los barcos mercantiles de mayores dimensiones. La popa era redondeada y culminaba con un friso de cola de pescado o en forma de viruta, así como la proa, también curvilínea, acababa en el aplustro, un friso zoomorfo representando la cabeza de un caballo. En el casco, a espaldas de la proa, estaban representados dos ojos, que, según la intención de cada caso, tenían que permitir al barco ver la ruta y tenían que causar terror a los enemigos. La propulsión de estos barcos estaba garantizada por la presencia del palo maestro que sostenía una vela rectangular, fija con una yerga que se orientaba según fuera la dirección del viento. La forma y la posición de la vela permitían al barco tan sólo unas andaduras con vientos provenientes de los cuadrantes de popa. El gobierno del barco estaba asegurado por el timón, un remo con las palas asimétricas muy amplias, que se sujetaba en el lado izquierdo, cerca de la popa. En el puente del barco, siempre hacia la parte de popa, surgía el castillo que ofrecía protección a la tripulación y contenía los aparejos además de la cocina de a bordo.






La tripulación de estos buques raramente superaba los veinte hombres, incluyendo al capitán armador y al piloto, puesto que la navegación de vela no requería un número mayor de marineros.



Las embarcaciones de la flota de guerra de los fenicios y de Cartago eran sin embargo más delgadas que la flotilla comercial. Mientras la popa era semejante a la de los barcos comerciales, la proa se apartaba bastante, puesto que constituía la parte más importante de la embarcación y el arma ofensiva durante las batallas.


Era precisamente en la extremidad de la proa donde se colocaba el espolón, es decir, una punta de bronce de diferentes perfiles que se utilizaba para destrozar los costados de los barcos adversarios. A los lados de la proa estaban ubicados los acostumbrados ojos, encima de los cuales se hallaban los orificios por los que pasaban los cables de las anclas. En el puente, siempre hacia proa, estaba situado el castillo, una estructura de madera que durante los enfrentamientos albergaba a los arqueros o las catapultas; en popa estaba en cambio el puente, reparo y alojamiento del capitán y de los oficiales. El gobierno del barco estaba asegurado por dos timones colocados en los costados, cerca de la popa.

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Sobre la flota de guerra, la técnica de combate y la construcción naval:
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A partir del siglo X a. de C. los fenicios tenían pues los motivos y la habilidad marinera suficiente para acercarse a las costas de Iberia.


Durante el siglo VII, las redes de intercambio se hacen más intensas. La fundación de Ebussus (Ibiza) permite la consolidación de relaciones comerciales en las que se intercambian productos y se aportan nuevos conocimientos técnicos para la obtención de vino y aceite; nuevas técnicas para la fabricación de cerámica como el torno o nuevos tipos de hornos. Se obtendrán a cambio otros productos y en especial mineral de hierro y galena argentífera.




Torre la Sal


Los primeros contactos se producen en las playas, estableciendo pactos entre las comunidades locales y los navegantes, de tal modo que nuevos productos y las nuevas técnicas acaban en manos de las elites locales.


Un producto que se introduce y que confiere prestigio al que los adquiere es el vino. Un negocio que conviene a los locales y a los navegantes fenicios es el intercambio de vino por mineral de hierro u otros metales.


Las playas de Torre la Sal cumplen con todos los requisitos para convertirse en un lugar de intercambio: minas, un lugar para desembarcar y accesos fáciles al interior de la península y a lo largo de la costa.





Durante el siglo VI a. de C., favorecido por los intercambios comerciales, se van produciendo numerosos asentamientos ordenados en el margen de la Vía de la Costa, un camino consolidado que sirve para redistribuir los productos procedentes del comercio fenicio desde el punto de desembarco. Son pequeñas masías agrícolas sin pretensiones defensivas.


No obstante, uno de estos asentamientos irá adquiriendo mayor tamaño y atrayendo nuevos pobladores, haciendo que se abandone incluso el lugar estratégico en la cima del Tossal del Mortorum. Está precisamente junto al punto de desembarco, que se convertirá con el paso del tiempo en un emporio comercial de primer orden

PARA QUÉ SE CONSTRUYÓ EL ARCO DE CABANES.

Resultado de imagen de ARCO DE CABANES
Desde antiguo, se ha tratado de dar una explicación de los motivos que pudieron llevar a construir un arco en un lateral de la vía Augusta, en las inmediaciones del actual pueblo de Cabanes. 

No hace muchos años se ha realizado también un excavación bastante exhaustiva del subsuelo del arco, de la que no se ha extraído sin embargo una explicación concluyente. 

¿Por qué se construyó en un lateral y no en la propia vía, como en Bará, por ejemplo? ¿Estaba vinculado a alguna villa privada? ¿Tenía,por el contrario, algún significado público? ¿Cuál?

Para buscar explicaciones se han hecho observaciones muy minuciosas del propio arco y del entorno inmediato. 

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Intervención arqueológica en el arco romano de Cabanes

Pilar Ulloa Chamorro

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Los arqueólogos que realizaron la excavación, aunque se inclinan por vincular el arco con una villa privada, consideran muy sugerente el hallazgo de un clavos enterrados: diecisiete clavos de hierro entre 4 y 10,50 centímetros de longitud.


¿Puede tener ésto algún significado?


Este hallazgo puede ser más revelador de lo que inicialmente podría pensarse.

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Clavos mágicos

Desde el siglo XIX se ha atribuido sistemáticamente un uso funerario a clavos mágicos de distintas procedencias, interpretándolos como objetos destinados tanto a proteger a los muertos de las amenazas maléficas del más allá como a evitar que estos pudieran regresar al más acá para perturbar a los vivos.

¿Qué sentido metafórico puede tener un clavo?

Un clavo mágico, generalmente con inscripciones, puede tener un uso adivinatorio, mántico, votivo, o como amuleto; pero no es ese el caso que aquí interesa. 

Los clavos pueden tener simbolismos aun más interesantes. Las fuentes literarias grecorromanas documentan el uso de clavos como remedio mágico-terapéutico contra las enfermedades, que podían ser enclavadas y, por tanto, deícticamente neutralizadas, como ejemplifican la ceremonia del clavus annalis, vinculada en origen a una calamidad colectiva, como cuenta Livio, o la cura para la epilepsia recogida por Plinio. 

Los textos antiguos también recogen el uso de clavos –en este caso procedentes de crucifixiones– colgados al cuello como un remedio contra dolencias como las fiebres cuartanas, una práctica que también se documenta en textos talmúdicos y en sociedades tradicionales. En este sentido, se ha propuesto que los clavos mágicos de menor tamaño pudieron haberse usado como colgantes apotropaicos, esto es, que alejan el mal.

Así, los romanos creían que los clavos colocados en los dinteles de las casas podían evitar las pesadillas, según informa Plinio. Columella menciona el uso de clavos como defensa contra el rayo que malograba los huevos y los pollos. También podía servir para la escritura de textos mágicos, un uso documentado que especifica que un encantamiento ha de ser inscrito sobre una lamella metálica con un clavo de bronce procedente de un navío hundido.


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Silvia Alfayé

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Resultado de imagen de clavos mágicos romanosEn todo esto hay algunas pistas para la interpretación de la funcionalidad del arco de Cabanes. Pero para que estas pistas tengan sentido hay que dar un paso más.

El arco está sobre un camino, no sobre la vía Augusta, sino sobre un camino perpendicular a ella que conduce hasta el mar. la existencia de este camino es un cuestión interesante por sí misma, pero que no viene al caso ahora. Lo que viene al caso es que ese camino conduce también a un cerro  escarpado del que se divisa la costa. Ese cerro es el Tossal del Mortorum, y el nombre dice mucho de él.

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Tossal del Mortórum (Cabanes, Castellón): un posible asentamiento minero con materiales fenicios de los siglos VII-VI aC


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Para un romano ese cerro es el cerro de los muertos ¿Por qué?

En el cerro existe un túmulo funerario de estilo megalítico que puede haber ido reutilizado en varias ocasiones. constan restos humanos que pueden ser tan antiguos como de finales del segundo milenio a. de C.

¿Pero qué tiene que ver algo tan antiguo con los romanos del tiempo de construcción de la vía Augusta?


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Ensayo de reconstrucción virtual de un túmulo funerario: El túmulo del Mortórum (Cabanes, Castellón)


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¿Fue reutilizado el túmulo? ¿Sucedió algo en el cerro que tenga que ver con la muerte o con los muertos?





Si es así, ¿cierra el arco como una especia de puerta ese lugar? ¿Tratan los clavos de  alejar el mal que procede de él?